septiembre 02, 2012

LECTURAS: Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas: El error de la literatura

Descarga Bartleby y compañía aquí (formato epub, mobi y pdf)

Si bien el estilo de Enrique Vila-Matas tiene toques geniales, la pretensión de Bartleby y compañía esconde entre sus páginas el problema fundamental de la comunidad literaria



Bartleby y compañía - Editorial Anagrama
La edición de Anagrama
¿Qué es este libro? Es difícil decir cuando las editoriales no ponen el subtítulo del género al lado del título, como hacen absurdamente casi todas las editoriales gringas. The Crying of Lot 49: a novel, dice la portada de un libro de Pynchon. La portada de Bartleby y compañía, de Vila-Matas, publicada por Anagrama, no dice nada. Toca abrir las páginas para descubrir qué mismo es. ¿Es una novela? ¿Es un ensayo literario? Ya sé, ¿Es uno de esos textos postmodernos que está más allá de las convenciones del género? Es de hecho un texto ficticio, con una voz narrativa que toma cierta presencia física y que propone cierta simpatía. En general la estructura formal del texto supone ser la colección de notas al pie de un texto inexistente; un apéndice al texto del silencio. La idea es tan poética que es casi absurda. Mi reticencia a este texto, debo confesarlo, viene desde el descubrimiento de Pierre Bordieu, y desde una visión más fría y calculada de la literatura. Quizás mi desprecio por el autor sea inmerecido. Quizás Vila-Matas es un gran escritor (no dudo de sus capacidad estilística), pero qué buena excusa presenta este texto para decir tantas cosas que quiero decir a la comunidad literaria, la comunidad de la que formo parte, de cierta manera, y a la cual he defendido casi toda mi vida. Este ataque es violento porque es un ataque hacia mis propias convicciones, y la violencia personal debe ser la más destructiva. (Qué poética, esta última frase, quizás sea cierta.)

Oscar Wilde es quizás la figura que representa mejor este libro: el punto más álgido de la élite, la cima más respingada de la literatura. Como si las letras fueran la moneda que separa al culto burgués del pueblo ignorante. Detrás de la genialidad de Wilde siempre estuvo su casi imperdonable pedantería, una característica terriblemente burguesa. Claro, los literatos no solo le perdonan esa actitud, sino que la alaban ,la adoran, la quieren para sí mismos (¿Y quién puede negar la genialidad del dandy más pulcro de las letras?). Todos los que han escogido la literatura (y la escogen no como profesión, sino como acto de fe, como religión) actúan como si estuvieran buscando la verdad detrás de la palabra, pero lo que se busca es el guante blanco, el pedestal, el banquito donde subirse para ver correctamente a las masas, tapándose las narices. 

Esto queda claro en la actitud del narrador:

Me gustaría haber creado en el lector la cálida sensación de que acceder a estas páginas es como hacerse socio de un club al estilo del club de los negocios raros de Chesterton, donde entre otros servicios el Bartleby Reunidos --tal sería el nombre de ese club o negocio raro-- pondría a disposición de los señores socios algunos de los mejores relatos relacionados con el tema de la renuncia a la escritura.

Edición en inglés
Es como si para pertenecer a tal club es necesario recitar la contraseña que Chesterton ha planteado en su El club de los negocios raros, y solo así entrar a su restaurante exclusivo. El artificio más efectivo de la literatura no es la metáfora, sino el elitismo intelectual. La novela de Vila Matas no es solo una oda a ese elitismo, sino que tiene la doble función de servir como un pequeño manual para literatos. Para escalar posiciones los burgueses usan dinero. El sueño burgués es el descubrimiento del petróleo en su patio trasero. Los literatos, eliminando el dinero en favor de la originalidad,  usan como moneda el name-dropping, y su sueño es el descubrimiento del poeta escondido, internado al manicomio, asesinado por travestis celosos, embriagado de soledad, lanzando frases geniales al ruido de algún mercado lejano. Encontrar a tal poeta determina el protagonismo en el ritual religioso del literato, celebrado cada fin de semana entre sus altares cubiertos de alcohol. Pues bien, ahí está la novelita de Vila-Matas, una detallada recopilación sobre escritores, algunos innegablemente gigantes, otros casi desconocidos (pero con credenciales impecables, aprobadas por las más importantes creadores de la burguesía intelectual), y una serie de interesantísimas anécdotas sobre ellos. A momentos la palabra “interesante” no es aquí sarcástica. Pero nunca se justifica la ficción detrás de las anécdotas. Nunca llega la voz narrativa a tomar una forma que ejerza validez en esas anécdotas. Se acerca, en un momento, en el encuentro ficticio con Salinger en un metro de Nueva York, el momento más llamativo de esta novela. Novela?

Enrique Vila-Matas
¿Pero porqué se equivoca Vila-Matas? Bartleby es un copista, un empleado privado, que no comprende las ambiciones de su patrón. Frente a sus limitaciones, Bartleby escoge la copia frente a la originalidad. Vila-Matas parece ignorar esto, y compara a Bartleby con los más excéntricos escritores. En realidad, ¿quién más Bartleby que el escritor de romances, o el guionista de una telenovela? Son ellos los que preferirían no hacerlo. La propuesta de Vila Matas sugiere cierta gloria en esa renuncia, olvidando que lo patético en Bartleby es lo que más determina su personalidad. Bartleby es el hombre humilde, incomprendido por el burgués que no encuentra en sus ideales la posibilidad de la resignación del trabajo monótono de las clases que no pueden darse el lujo de leer a Kafka. Vila-Matas lo ha entendido todo al revés. 



(¿Más libros gratis? sugerencias y peticiones en twitter: @metouma)

abril 12, 2012

Un perro crudo en honor a la patria


¿Qué mueve a un hombre a matar, decapitar y morder la cabeza de un perro?


 José David Guamán Pichasaca tiene en su facebook una foto religiosa: una cruz cruzando una tormenta. “Este barco jamás se hundirá, te invito a subirte,” dice la descripción, y Guamán añade “yo si kiero suvir alli [sic].” Más abajo, en un álbum titulado “Mis mejores días” José David Guamán está mordiendo la cabeza de un perro decapitado, mientras sus compañeros sostienen el cadáver de los pies, como un trofeo. “mi mejor presa” dice la descripción de la foto.
La imagen ha estado circulando por Facebook y gente ha empezado a moverse para solicitar que se respeten los derechos de los animales. Otros han publicado el nombre de este idiota, tildándolo, con justicia, de asesino. Y en realidad, el orgullo con el que presenta el asesinato y un rápido vistazo a su página de Facebook nos lo dice: este hombre es un ignorante.
Va a ser facilísimo culparle. Él ha puesto las fotos, él ha mordido la cabeza de un perro muerto. Pero la cuestión no queda ahí, en lanzarle el muerto a este guambra, decir que es un criminal y punto. Porque queda por decir quién es capaz, quién se atreve, cómo llega un hombre, cualquier ser humano, al punto en el que cree que cortar la cabeza de un perro y metérsela a la boca no es solo una acción permisible, sino premiable? Y al tratar de responder una pregunta tan difícil hay que ver más allá de la fotografía. ¿Cómo es posible, por ejemplo, que sus amigos de facebook no le repriman su crueldad? Aquí tenemos a un tipo que cometió este acto inhumano y terriblemente violento, rodeado de un grupo de gente que no solo no le critica, sino que le felicita, o se da el derecho de bromear alrededor del asunto:

 
“No había ajicito?” le preguntan. “Así nomás, sin ají, con agua nomás” responde él. Qué risa. Y detrás del chiste, la felicitación. “se necesita valor para comer eso …bien.” Y ahí está lo terrible. El hecho de que este asunto no es una atrocidad en el círculo de este hombre. Porqué? Porque él es un militar, y está demostrando, como dice “Juniorcito”, el valor y coraje de un soldado. Bien David. Muy bien David. Te comiste la cabeza cruda de un perro. Y lo hiciste sin ají. Y así, siguen los chistes en los comentarios:



“Yo soy un joven decente para la patria,” es (creo) lo que dice. Y seguramente él lo cree. Así lo creen también, supongo, el resto de imbéciles que en la fotografía lo rodean, sosteniendo el cadáver del perro. Uniformados, con la bandera del Ecuador en el brazo, orgullosos de servir a la patria. Y así quizás se entienda mejor las preguntas que esta foto nos deja. El problema de este hombre es un problema semiótico; es un problema de lenguaje. Es el significado de “valor” o “coraje” lo que está por encima, y ese significado es absoluto e innegable, superior a cualquier razón o cualquier lógica. Y frente a la verdad absoluta las cláusulas no se cuestionan. David está mostrando el valor y el coraje de un buen soldado. Y ya, eso es todo. Frente a ese valor no hay razones. Frente a la convicción absoluta cualquier cuestionamiento es un chiste. Así, igualito, se han de haber reído algunos españoles cuando en nombre de Jesús quemaron vivos a centenas de seres humanos, y así también se deben haber reído los soldados romanos que escucharon, quejándose mientras le latigueaban, a ese barbudo idiota que se creía rey. Ese man, el de la cruz en la que José David Guamán Pichasaca se quiere subir. Todos tenían convicciones absolutas e incuestionables. 
El acto da asco. Un asco violento que a mí al menos me ha carcomido el estómago durante días. Es duro ver las imágenes y tratar de entender a este tipo. Y de hecho siento en el pecho la verdad incuestionable y absoluta de que deberíamos lincharle a este cabrón, o meterle en una jaula repleta de perros hambrientos a que lo devoren. Pero la verdad es que este tipo es un títere. Y si lo metemos en esa jaula el ejército se va a sacar el guante y ya está. ¿Se acuerda alguien de ese video de entrenamiento militar, donde les forzaban a los cadetes a meterse a un túnel repleto de gas lacrimógeno? (no lo encuentro, pero aquí está uno parecido.) De alguna manera el ejército convenció a estos hombres que eso significa defender a la patria. Que eso es valor. ¿Qué otra opción tienen que meterse en el túnel? ¿Sufrir el castigo físico de la penitencia posterior, peor que esa? ¿o aceptar el hecho, lanzarse al túnel de cabeza, o aguantar la respiración en el gas y decir y repetirse “soy hombre,” “soy un joven decente para mi patria”? 

Y en este caso, ¿qué opción tenía José David Guamán, si la única que se le presentó fue la de cortar la cabeza a un perro y comerla? Nosotros no entendemos. ¿Cómo criticarle? Lo pregunto sin una sola gota de sarcasmo. ¿Cómo podemos criticar a este títere, si frente al reproche contesta esto?



Voy a tratar, José David, voy a tratar de cacharte. Es la vida de un militar. Matar para sobrevivir. Y “sobrevivir” no significa para ti lo mismo que significa para nosotros. Porque el perro no era una amenaza. No tenías que matar al perro para sobrevivir. El perro fue el instrumento, la metáfora: el valor que se requiere para matar a un perro y ponértelo en la boca, eso es lo que se necesita para "sobrevivir". Y yo sé quién te enseñó eso. Es un problema de interpretación lingüística, un problema, en base, de educación. Lo cual explica las faltas ortográficas, innumerables. Es fácil tomar una cabeza vacía y llenarla de verdades.
Ahora que el caso ha ganado atención, ésta es la última adición de este tipo a su cuenta de fb:

A todas las personas que ingresaron a mi cuenta de facebook, quiero presentar desde el fondo de mi corazon y como creyente de un ser supremo que es Dios, las disculpas por haber publicado y subido a este medio las imagenes que se encuentran circulando, imagenes que no guardan relacion con la politica de la institucion a la cual me encuentro sirviendo, sino mas bien ha un hecho infantil provocado por un compañero que en algun momento no midio las consecuencias que podria ocacionar. Quiero expresar mi arrepentimineto y pedir nuevamente disculpas ante este hecho principalmente al ejercito al cual me encuentro sirviendo ya que afecto a la imagen de esta institucion.

¿Habrá sido la misma institución la que le forzó a poner este inspirado discurso? Sea o no, lo cierto es que este último mensaje es lo más grave de este caso. Porque de hecho las imágenes sí guardan relación con la política de la institución a la que este tipo sirve. En este mensaje se esconde la razón por la cual no podemos apuntarle a este pobre infeliz con el dedo y decir “culpable,” “asesino”. Porque él está cumpliendo un papel sin saber las razones o las consecuencias, porque las razones o las consecuencias no importan. Lo importante no es él, ni el perro, ni el resto de personas que lo rodeaban. Lo importante es la institución. De eso se arrepiente, no del hecho, sino de cómo el hecho afectó a "la imagen de esta institución". Y así es como debemos ver este problema. La responsabilidad de este caso recae en los militares, no en este ser sin cerebro, lobotomizado por el ejército. La verdadera solución consiste en un proceso de reajuste, largo y difícil, de la caterva de imbéciles que creen que la sangre y la violencia son parte del entrenamiento de un hombre. Que se lamenten, se disculpen e investiguen. Este es un problema de ideología, no de irresponsabilidad.










POSDATA: El ejército, como haciendo eco del mensaje que José David Guamán dejó en su muro, ha publicado en Facebook el siguiente mensaje:


Imagenes perro decapitado.

El Ejército ecuatoriano expresa su total rechazo y repudio a ese acto que atenta contra los derechos de los animales y es una práctica prohibida en la institución. Se están realizando las investigaciones pertinentes y con los responsables se tomarán las medidas disciplinarias correspondientes.

La institución lamenta sobremanera lo sucedido y reafirma su compromiso de respeto y cuidado a los animales.



Es precisamente lo que se esperaba: hablar de responsables. Lanzar la culpa a este guambra. El ejército tiene que responsabilizarse de este hecho porque no es un acontecimiento aislado. La crueldad y la violencia son parte del entrenamiento militar. No hay que buscar responsables, sino modificar estructuras ideológicas.

enero 17, 2012

El panecillo mentiroso

La virgen, los Quiteños y A tus espaldas



Llegué a Quito de turista cuando el año estaba ya por acabar. Desde la ventana del avión vi al panecillo y a su virgen, callada y en silencio. Le vi también de costado, días después, cuando visité el cementerio de San Marcos, entre las cruces de los panteones, y le inspeccioné el costado cuando subíamos a la Cima de la Libertad. A pesar de su fealdad, fuera de su rostro extraño, sus manos desproporcionadas y sus alas pequeñísimas, la virgencita tiene su encanto. Es quizá lo más significativo de Quito porque verla es también pensar en la Virgen de Legarda, y la Escuela Quiteña y el Barroco y la Colonia, pero también pensar en los conflictos sociales: en que nadie sube ni baja a pie de ahí, porque en plena cara de la virgencita te roban, 


con extraña cortesía 
sea de noche, sea de día 
le quitan luego el sombrero;
y si él no trata ligero
de tomar otra derrota,
le quitan también sin nota
estos corteses ladrones
la camisa y los calzones
hasta dejarlo en pelota


como decía con precisión profética Juan Bautista Aguirre. Y también en el conflicto salvaje del Norte y del Sur, y de las nalgas de la Virgen brillando pomposas en la Villaflora. Mientras tanto en todo lado bajamos las ventanas de los autos para "longuearnos" o para llamarnos indios, como insulto. Y así me pasé los 20 días de mi viaje, girando alrededor del Panecillo (a sus 180º nomás, porque no pasé al sur), con la herida abierta, y en los últimos días me ofrecieron una colección de las últimas novedades del cine nacional; tenía que traerme A tus espaldas.


Dirijida por Tito Jara, su primera, la peli cuenta la historia de Jorge "Jordi" Chicaiza Cisneros, quiteño del sur con complejo de "cholo" y con intención desesperada de ocultarlo, quien conoce a Greta, una prostituta colombiana que cae en la trampa de sus apariencias y quiere sangrarle el dinero que no tiene. La historia girará a través de su relación, y la máscara de Jorge frente al tira y afloja de Greta se constituirán a través del motivo del Panecillo: como la virgen, como la sociedad quiteña y el mundo, Greta también parece darle la espalda al sureño. Para el final la película toma un giro inesperado e involucra el mentado caso del notario Cabrera.


Es notable que alguien haya usado, por fin, el motivo de la Virgen que da la espalda al sur, un tema repetido constantemente en las calles de Quito. Bien por Jara y bien por el cine nacional: hay que apropiarse de las construcciones populares porque solo así el cine se hace nuestro. A diferencia de otros países, nuestro cine no empezó a través de las masas, sino en un círculo cerrado y elitista, dedicado a un cine para críticos. A tus espaldas es una película que se deja ver, aún más que Qué tan lejos, por ejemplo, que fue tan popular. Es, sobre todo, una película entretenida. Quizás su intención haya sido precisamente esa: tratar de crear entretenimiento a través de un tema serio.

El problema de la película, sin embargo, es que Jara no se decide entre la comedia o el drama, entre la crítica social o la sátira. La grandilocuencia de ciertas partes del guión contrasta con la sencillez de otras. Es como si Jara hubiera escrito el guión pensando en García Márquez y no en su personaje. Jordi es incompatible como narrador y como protagonista. Su voz en off no es solo fatalmente artificial (como al inicio), sino a ratos sirve para llenar los agujeros de la edición (cuando la película hace una elípsis desde una escena nocturna a la pelea en la mañana entre el protagonista y su jefe, Jordi se justifica, diciendo algo como "al trabajo no podía faltar").    El personaje es un personaje chato, maleable y vacío, y parecería que esa es la intención, que así fue construido--de todas maneras, de eso se trata la película; pero es innegable que en varios momentos es el  guión el que falla. Redunda, por ejemplo, que sea Jordi quien confiese que su carro es pura apariencia, que él hace tunning "para que me acepten." Sí cachamos! Como si necesitáramos que nos dieran de comer con cuchara. Y eso, después de la escena donde Jordi habla con la espalda de la virgen, que es quizá la mejor parte del guión de la película (la referencia al incendio de la Factory no resulta artificioso y nos dice más del personaje y de la ciudad que cualquier otro diálogo). Estos contrastes suceden también en la producción: una dirección de arte detallada, cuidadosa y estética, con una gran fotografía, que de repente lanza planos generales de telenovela, como si quisieran acompañar los giros absurdos de la trama.

Que el tema de la película es interesante es innegable: tanto, que los ecuatorianos lo hemos venido tratando desde hace años. Es imposible no acordarse del Chulla Romero y Flores, por ejemplo, o de la comedia del Michelena. Jara abarca el tema desde la comedia, porque la película está hecha para reírse, pero se jala en que no se aventura a hacer una crítica social; muestra el problema como una condición externa del conflicto de los personajes. Como quiteño, reconozco enseguida lo que Jara quiere decirme, por ejemplo, cuando el grupo de amigos deja la tribuna de los Shyris y la escena se demora en la basura que han dejado. Sí, somos sucios, y sí es terrible como queda la tribuna los fines de semana. Pero eso no aporta en nada a la película. En el fondo, inclusive la división Norte-Sur se pierde detrás de una historia de amor que es un poco forzada (por su actuación y por el guión), y el conflicto de identidad del personaje al final no llega a ningún lado. Sobran personajes y temas, como Yahaira y la cocaína, cosas completamente innecesarias. Podría inclusive reprochar los efectos especiales de la virgen explotando, un gancho casi injustificado, una escena para pintarle bien bonito al trailer (me acordé del Huilo Ruales, que ya le había hecho "volar" a la virgencita en alguno de sus cuentos), pero bueno, le perdono por la polémica que armó.

La película atrae y gusta porque es fácil que todos los quiteños (¿podría decir los ecuatorianos?) se vean ahí, reflejados. A la final lo que el espejo nos devuelve es una caricatura simpática pero incompleta. Hasta ahora los quiteños nos sentimos fascinados de ver nuestras calles y escuchar nuestras voces en la pantalla del cine, pero cuando la fascinación se nos acabe tenemos que empezar a exigir mayor calidad, especialmente en producciones donde hay gente talentosa detrás. Capaz sea un paso tembleque e inseguro, pero a la final la película es un paso hacia adelante en el cine ecuatoriano. Es curioso que el mismo director de la película no se decida entre un cine popular, de masas, o a intentar la complacencia de la élite crítica, como si él fuera el personaje ambiguo y doblado que intentó crear y fracasó, ese personaje que somos todos los quiteños: indecisos, siempre aparentando; Juan Bautista Aguirre nos calificó de mentirosos, y de él mismo se intuye que quizás eso nos venga de la misma ciudad, de nuestro cielo traicionero:


todo hombre en lo que relata
miente o a mentir aspira;
mas esto ya no me admira,
porque digo siempre: ¡Alerta!
Sólo la mentira es cierta
y lo demás es mentira.

Mienten con grande desvelo;
miente el niño, miente el hombre
y, para que más te asombre,
aun sabe mentir el cielo;
pues vestido de azul velo
nos promete mil bonanzas
y muy luego, sin tardanzas,
junta unas nubes rateras
y nos moja muy deveras
el buen cielo con sus chanzas.



Así también nos miente el panecillo, con su promesa anti-apocalíptica, con su mano abierta, con sus alas que no nos llevan a ningún lugar. 

noviembre 16, 2011

The toaster project

Thomas Thwaites es un diseñador (porque tiene el buen tacto de no llamarse a sí mismo artista) que decidió hacer una tostadora. Ese era su proyecto: hacer una tostadora empezando desde cero. Eso significa minar, derretir y moldear el acero, hacer un derivado de plástico, conectar las piezas...
Compró una tostadora de $5 dólares y desarmó cada una de sus cuarenta y algo piezas, moldeó cada una de ellas y trató de hacerla funcionar.




Su trabajo es una reflexión en la dificultad que tenemos de comprender los productos que usamos a diario, nuestra inutilidad individual. Una fábrica de tostadoras producirá miles de tostadoras al día, pero inclusive los miles de trabajadores de esa fábrica tendrán un entendimiento mínimo de su funcionamiento, o del proceso de transformación de la materia prima, del producto natural de donde ha salido todo. Cuánta distancia hay de las teclas de este teclado hasta el lugar natural exacto de donde se extrajo el material para hacerlo? Ese desconocimiento es para mí el problema más importante de nuestra civilización, y no creo que exagero.

El man se inspiró en esta cita de un libro del autor de "The Hitchiker's Guide to Galaxy", sobre un hombre que se encuentra solo y perdido en un planeta ajeno, y que trata de convencer a sus primitivos habitantes de su superioridad intelectual y científica, pero pronto se da cuenta de que hacerlo es un problema serio:

He had been extremely chastened to realise that although he originally came from a world which had cars and computers and ballet and armagnac he didn't, by himself, know how any of it worked. He couldn't do it. Left to his own devices he couldn't build a toaster.
Lo vi en un episodio de The Colbert Report, pero encontré este video donde explica de mejor manera su proyecto.

septiembre 21, 2011

Instrucciones para girar al planeta

Pensar en el mundo es pensar siempre en esto:


Este es el mapa que desde guambras nos colgaron en la pared de todas las clases. El mapa físico o el mapa político. De vez en cuando las líneas de los cuatro viajes de Colón o la ruta de la seda, o la conquista romana del mediterráneo o el verde intenso en los países con mayor agua fresca (Ecuador sale brillando en esos!). Es el mapa que vemos en la revista de los aviones, cuando soñamos en otros destinos, o el que aparece  cuando le sacamos la puta al zoom out de Google maps (aunque los de google muestran dos Áfricas, dos Europas y dos Asias, una a cada lado de la sagrada América, que brilla en el centro). Así vemos al mundo, a pesar de comprender con tranquilidad que la idea de norte y sur corresponde casi a una arbitrariedad, a la visión expansionista europea, si se quiere, a la rutina y a las convenciones. Por eso me pareció interesantísimo ver hace años el mapa que tenía mi panita el Galo Pozo colgado en su cuarto, con el mapa al revés, y una leyenda que decía alguna cosa como que cómo así, el norte está arriba, que quién le ha dado el derecho. 



Me pareció interesantísimo, pero no me sorprendió, porque en el fondo sabía que había lógica en protestarle eso al mapamundi, era natural (en la oficina donde trabajo alguien llevó uno de estos mapas y lo colgó al revés, o sea, con Europa arriba, y con todas las letras dadas la vuelta. Supongo que pensó que la gracia estaba en la tipografía; y después de juzgarle largo rato y secretamente como un idiota, hay que confesar que también tiene su encanto, jugar con la tipografía. El man se fue, pero por costumbre, el mapa quedó colgado ahí, y de todos los que entran a la oficina nadie pregunta porqué las letras están al revés). No me sorprendió, de hecho, porque yo ya había leído esa viñeta de Quino donde Mafalda da vuelta al mundo:


Dar la vuelta al mundo es ante todo un acto político, y curiosa esa viñeta donde la representación de cómo Mafalda ve al mundo cambia las circunstancias, literalmente. Revolucionaria e incendiaria, como siempre, mi Mafalda (nótese el martillo, el clavo clavado con fuerza... Es una revolución violenta). Y 20 años antes de eso, Joaquín Torres García, un artista deconstructivista uruguayo (y re bacán), ya se había adelantado al otro Quino, no solo dándole la vuelta a sudamérica sino dividiendo al mundo en Montevideo y llamando a su obra "América invertida", retomando el nombre que los gringos tan descaradamente nos habían robado:


Pero lo que me parece más interesante es el mismo hecho de que sintamos la necesidad de darle la vuelta al mapa, de que la manera en que veamos al mundo afecte nuestro sentido de valores. Es un orgullo ver a latinoamérica arriba, como si eso realmente significara algo más que una simple representación visual. (Y a pesar de que sí podríamos aplaudirles, porque al fin y al cabo qué grandes ambos, ni a Quino ni a Torres García les podemos alabar de originales. En el siglo XVI un tal Desliens hizo este mapa al revés, aunque sus intenciones eran facilitar la lectura del mapa; otros podían verlo desde el otro lado de la mesa.) 
En todo caso se me hace que la historia de la cartografía es una especie de reflejo visual de las tensiones geopolíticas del mundo.

En el siglo VII Isidoro de Sevilla proponía esta representación de la tierra:
La masa de tierra sólida se dice ser redonda por la redondez del círculo, porque es como una rueda [...] Por eso, el Océano que flota a su alrededor está contenido en un límite circular, y está dividido en tres partes, una parte llamada Asia, otra Europa y la tercer África. 
El intento de esta representación se llama usualmente el mapa T en O, por Orbis Terrarum:



Curioso que la representación tipográfica (O. T.) afecte a la cartográfica, y curiosa la idea de la cruz, en el primer mapa. No hay la menor intención de representación espacial, sino una especie de totalidad circular. ¿Habrá en esa división tripartita una relación con la trinidad católica? No encontré nadie que me apoye en el world wide web. En el segundo mapa se respeta ya la idea general de los puntos cardinales, una idea que surgió quién sabe de dónde (ya dio pereza investigar más), pero que es esencialmente europea. Los árabes representaban el sur arriba, porque al ver de frente al sol, el sur estaba a su derecha, y culturalmente había una conexión positiva con el lado derecho. Hay cierta evidencia que en los tiempos bíblicos el Este estaba arriba de los mapas, y en Salmos 89:12 la Biblia dice "El norte y el sur, tu lo creaste", cuando en la verdadera traducción del hebreo debería decir "el norte y el derecho, tu lo creaste" (según alguien por ahí en el internet, ni siquiera wikipedia, que decía que era 89:13... Así que quién sabe), sugiriendo que lo izquierdo va arriba. 

En todo caso desde los tiempos griegos la representación territorial ha funcionado como un copy-paste. La cartografía fue siempre un palimpsesto, un mundo calcado de otros mapas anteriores con correcciones y adiciones, no solo como un proceso científico sino también como un conflicto político. Todo nacido a partir del descubrimiento de América. Imagínense la mente de los europeos de la época, tratando de concebir el mundo, de imaginar un territorio más allá del océano! (Leí recién un libro donde una man llamada Diana de Armas Wilson argumenta entre otras cosas que esa fascinación y esa tensión influyó culturalmente a España y a Europa de tal manera que de ahí nació el Quijote, y por lo tanto de ahí mismo nació la novela. Esa búsqueda de aventuras, la poliglosia de la que habla Bakhtin, la conciencia nacional y las características imperiales del género de la novela nacieron (según ella, claro) de las Américas! Curioso ver con esos ojos a don Quijote, explorando territorios, forzando verdades, exigiendo retribuciones. "Confiesen", dice algún rato a unos comerciantes, "que Dulcinea es la mujer más hermosa del mundo, así no la hayan visto".) 
A partir del descubrimiento americano las tensiones por la dominación territorial se convirtieron también en representaciones cartográficas. Inglaterra, el nuevo imperio mundial en el siglo XVI después de la decadencia de España era usualmente representado en el centro del mundo. Las excepción era una resistencia política,parecida a la de Mafalda. En un mapa de 1703 (mi Septiembre de mi calendario de mapas) Cornelis Danckerts II de Amsterdam publicó este mapa mundi como una proyección polar. El mundo se ve desde arriba, desde el polo norte:


 Pero lo curioso es el meridiano principal, que se encuentra inclinado. El verdadero vértice, la línea verdaderamente vertical, muestra el patriotismo del cartógrafo: atraviesa Holanda, que se encuentra casi al centro del mapa. (Nótese además la generosidad de las nalgas de Sudamérica.) El man este inclusive pone el nombre de Nueva York como "Nueva Holanda", a pesar de que casi 40 años antes los ingleses ya les habían quitado el territorio (-bloody hell, Sir Francis, I truly miss York quite dearly in this new land of ours, Let's call it New York, shall we? -Oh, Mr. Sheffield, that's such a marvelous idea! Do drink more tea.)

Ahora que el discurso del postcolonialismo está tan en boga el mapa de Peters es lo inn, que muestra la proporción correcta del territorio de los países. Y eso sí fue sorpresa para mí (aunque resulta obvio después), pensar en lo mentiroso que es el mapamundi con las proporciones: como los meridianos generalmente se presentan en curvas para representar la redondez de la tierra (y de pasito poner a Europa y al norte del planeta como la parte más importante) la proporción del territorio nunca es justa. El mapamundi de Peters propone una imagen sin intereses políticos, sino una representación justa, pertinente al tamaño de cada territorio. 


Rusia y Europa resultan increíblemente pequeños a comparación de la imagen que tenemos en la cabeza. Ojalá este sea el mapa que se empiece a usar en las escuelas pronto, al menos para ponerlo al lado del que conocemos (Y si es que se le quiere dar la vuelta, venga, que me place). 

Y podría parecer que al fin y al cabo esto no es importante. Pero lo que es cierto es que los humanos tenemos ciertas nociones semióticas de las que no podemos zafarnos: el cielo, el ave, la cabeza, los ojos, el cerebro, estamos condicionados a ver lo que está encima como "bueno", y el suelo, la serpiente, las piernas, la ingle, las excreciones, los órganos sexuales, como "malo". Por ahí leí que en un estudio unos científicos (qué ambiguo es esto de leer un "estudio", donde unos "científicos" sacan conclusiones, pero en fin) pusieron un plano de una ciudad a un grupo de gente, que escogió como lugar ideal para vivir secciones al norte. Después invirtieron el plano, se lo dieron a otro grupo de gente, y otra vez, escogieron el norte. Y eso que, ojo, no eran de Quito estos manes; al menos no se dice nada de eso en el estudio. En todo caso hay cierto grado de degradación en ser representados al sur, lo queramos o no, sea o no sea costumbre. 

Iba a hablar sobre el mapa como creación estética, pero ya qué pereza. Les dejo nomás este vínculo a este proyecto artístico que encontré: Neu York, un mapa de Manhattan del otro lado de la historia: como habría sido si hubiera sido conquistado por los alemanes después de la Segunda Guerra Mundial.

Y aquí también, otra representación cartográfica del mundo, esta quizás la mejor, precisamente por conocer personalmente a la artista , porque el mapa es solo mío y por el hecho de su utilidad práctica: cuando esté perdido y no sepa dónde estoy, solo tengo que mirar al suelo para ubicarme.

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septiembre 13, 2011

Hablando de Tania Hermida...



Después de la última década, iniciando esta nueva, tomando en cuenta el éxito de Sebastián Cordero, las producciones crecientes nacionales, los debates sobre las nuevas instituciones cinematográficas, la crecida de las escuelas superiores de cine, es hora de que se arme un debate salvaje sobre el cine nacional. Es urgente. Hay que hablar urgentemente del cine nacional. No es solo la producción la que ha crecido, sino también esta especie de ilusión general de que ahora cuando se dice Cine Ecuatoriano ya hay algo de lo que hablar. La gente está yendo a las salas y la gente está hablando. Antes, hacer cine aquí era jugar a la ruleta. Ahora ya hay un mercado, un mercado joven que goza viendo retratada en las pantallas las calles donde caminan todos los días.

Hay que ser sinceros: Nos comemos la camiseta de orgullo cuando escuchamos que una película nuestra triunfa afuera. Toditos inflamos el pecho. Así medimos generalmente nuestros productos culturales (y eso es natural, porque no hemos creado crítica y porque no tenemos ninguna otra regla con que medir), pero con el cine esto es especialmente cierto. Se nos infla el pecho por nuestra constante crisis de identidad (el síntoma más común de la enfermedad ecuatoriana), pero también por el medio en que nos mostramos al mundo. Porque el cine es un arte pero también es empresa. Sacarlo afuera es mostrar un producto cultural exitoso, pero es también una realización económica, una inclusión capitalista. "Nosotros también tenemos cine", le decimos al mundo, con la lengua afuera y las manos en la cabeza. Nuestro cine es una ilusión política y económica, el deseo utópico de ser estrellas en el mercado transnacional, la noción de que podemos meter miles de dólares y agrupar a un conglomerado empresarial (porque una producción cinematográfica es una empresa) para contar una historia que es nuestra. Y el mercado ecuatoriano está poco a poco demandando este doble parámetro: una identidad aparente, fácilmente reconocible en una calle o un paisaje o en un acento, y un lenguaje entretenido, rápido, forjado en el exterior y ofrecido al exterior.

Por eso quizás no sorprende que una película relativamente desorganizada y con un guión mediocre como Qué tan lejos sea considerada por los ecuatorianos como una de las mejores películas que se han hecho en el país. Es una postal: una postal para nosotros y una postal para los otros. Una postal inter-regional, una producción que está más preocupada en la cinematografía del paisaje andino y costeño (tiene tomas increíbles) que en el desarrollo de los personajes, chatos e inacabados. Pero al fin, ¿en qué aporta el paisaje a la película? La fascinación de nosotros los ecuatorianos por nuestros paisajes dice algo sobre nuestra identidad,y parecía una buena idea cruzar la visión de una extranjera (especialmente una española) y una ecuatoriana desganada de clase media-indefinida a interpretar esas obsesiones, pero a la final la película no dice nada. Nada sobre el paro, nada sobre Jesús, nada sobre el matrimonio y las esperanzas fallidas. Apenas toca estos motivos, que son tan ecuatorianos. Es como si Tania Hermida no se hubiera decidido por el conflicto femenino, o el regionalismo, o las clases sociales, o la visión del extranjero y trató de meter todo en un mismo plato que no sabe ni a ceviche ni a mote. Pero la película cumple nuestras espectativas: es una película con una cinematografía bellísima, un buen retrato de nuestros paisajes, mostrados a través de uno de los géneros más gringos que hay, el road movie, y por lo tanto observable en el exterior.







Lo importante es dejar de juzgar a las películas por su producción: hace algunos años que debíamos haber perdonado las fallas de una película solo por estar bien producida. Eso era un milagro hace 10, 20 años. No se le puede reprochar nada (casi nada?) a Hermida por la producción de Qué tan lejos, pero eso ya no importa. Parece ataque y de cierta manera lo es, pero es más que nada una reflexión que debe ser dicha con la esperanza de que empecemos todos a crear un lenguaje cinematográfico válido, profundo, que nos muestre un espejo y no una postal. Si bien la película no alcanza, Hermida sí podría ser una buena directora. En todo caso, a pesar del ataque Qué tan lejos es un filme necesario, importante, porque toca en motivos importantes y porque a partir de la ausencia de esa profundidad se puede empezar a mejorar. Siempre y cuando empecemos a hablar, a hablar de cine ecuatoriano.

Ahora Tania Hermida sale con En el nombre de la hija, que por el corto y por el manejo de la trama parece ser un gran paso adelante en el cine ecuatoriano. Situar a una niña en la mitad de los 70s, en la mitad del socialismo y el catolicismo, en el centro de una hacienda en el centro del país, es una premicia que promete, que dará largo de qué hablar.

agosto 21, 2011

¿El sol se levanta, de Ernest Hemingway?

Edición en español
Primera edición

¿A alguien más le parece absurdo que un título tan significativo como The Sun Also Rises sea traducido al español como Fiesta? Parecería sencillo encontrar un equivalente al español: El sol también se levanta. Pero el título no parece andar bien así. La decisión de Fiesta seguramente viene de la dificultad de traducir el verbo to rise a manera de amanecer-levantar no funciona exactamente en tal contexto. Hemingway bautizó la novela que lo convirtió en la figura principal de la literatura americana con un fragmento de su segundo epígrafe, una cita de Ecleciastés:
One generation passeth awaty, and another generation cometh; but the earth abideth forever... The sun also ariseth and the sun goeth down, and hasteth to his place where he arose. The wind goeth toward the south, and turneth about unto the north; it whirleth about continually, and the wind returneth again according to his circuits... All the rivers run into the sea, yet the sea is not full: unto the place from where the rivers come, thither they return again. 
La traducción al español de la cita (tomada de la biblia de Reina Valera de 1960) dice "generación va y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta." El primer epígrafe del libro es la famosa frase de Gertrude Stein, "You are all a lost generation," refiriéndose a todos los escritores, artistas y resto de mortales que les tocó vivir el mundo después del dolor de la Primera Guerra Mundial.  El título, entonces, se refiere a la construcción generacional, a la circularidad de la naturaleza y a la resignación frente a la insignificancia del tiempo que tenemos. Parecería que en la cita de Eclesiastes also no significa también, sino algo similar en español a de la misma manera en que. Por lo tanto, la cita dice, más o menos, que las generaciones van y vienen, de la misma manera en que el sol sale y cae: The sun also rises. Esta circularidad y esta resignación, las heridas de la guerra, el regreso a la fiesta, la vida en París, la distancia de la patria norteamericana, todos son motivos que recuerdan constantemente esta circularidad. El sol por sí mismo es un motivo recurrente en la novela, especialmente en el ambiente de las festividades, la corrida de toros contrastándose con la oscuridad y la embriaguez de las noches. ¿Fiesta? ¡Por favor!

Estoy de acuerdo en que El sol también se levanta no es un título oportuno. Pero Sale el sol o El sol sale, o mejor aún, El sol se levanta son todos títulos que funcionarían mucho mejor que la simpleza de Fiesta. Quizás Hemingway no estaría de acuerdo conmigo, con su afición por la sencillez, pero no anda por aquí como para contradecirme.

(No es el único caso de una mala traducción de un título de Hemingway. Su novela póstuma, A moveable feast, es traducida al español como París era una fiesta. El título fue sugerido a la esposa de Hemingway, quien editó el libro, por un amigo que recordaba que alguna vez el maestro le había dicho "If you are lucky enough to have lived in Paris as a young man, then wherever you go for the rest of your life, it stays with you, for Paris is a moveable feast." La cita entera fue traducida al español terminando con la frase "porque París es una fiesta que nos sigue." Y a pesar de las etimologías, el cambio de feast a fiesta no es algo que me convenza. Especialmente en el contexto de Hemingway, la importancia del exceso y la embriaguez. ¿Y por qué la decisión del verbo en pasado, París era una fiesta? No estoy de acuerdo. No funciona. Pero no hablo mucho de éste porque, lo confieso, aún no lo leo.)

Estas malas traducciones me recuerdan también a la horrible, desafortunada y ridícula traducción al español de los libros de Tolkien, donde Bilbo y Frodo Baggins son Bilbo y Frodo Bolsón. Los bolsones, cargando en sus dedos el destino de toda la Tierra Media. Qué estupidez.

Volviendo a The Sun Also Rises, y dejando atrás la traducción, sí debo decir que me tomó algún tiempo acostumbrarme a su narración. Quizás fue que leer en inglés todavía me resulta difícil, pensar dos veces en cada palabra y tratar de descubrir si hay algún artificio detrás de ciertas construcciones linguísticas. Eso a pesar de la prosa sencilla y llana de Hemingway. Pero fue difícil también porque su narrador-protagonista, Jake Barnes, es un hombre pasivo. La acción está centrada en esa pasividad, construida a partir de su impotencia, del misterio de su herida de guerra que nunca se revela, no solo porque su ocultamiento funcione como una estrategia literaria, sino también porque el silencio del protagonista es parte de una rendición, un abandono total de la esperanza, un dolor profundo y desgarrador, representativo de los hijos de la Gran Guerra, a los que Stein había bautizado como la Generación Perdida. Y esa pasividad se filtra en las primeras páginas del libro. Poco a poco fui notando que la construcción de la tensión narrativa recae precisamente ahí, en esa especie de lentitud sarcástica, ácida, pero triste y terrible en el fondo.

Mi edición, Scribner

 La impotencia del narrador no es necesariamente física, sino que se vuelca también a su principal función en la novela, la narración. Jake Barnes es un narrador debido precisamente a esa impotencia, relegado a observar las pasiones de la mujer a la que ama como una corrida de toros, desde la distancia segura del palco. La tensión de la novela se maneja precisamente en la reiteración de reflexiones sobre la condición de la masculinidad, el enfrentamiento al peligro y a la muerte, incluso la solvencia económica. Pero es Brett Ashley, la condesa, quien maneja los destinos de los hombres que la rodean. Todos se ven esclavizados y perdidos por esta mujer increíblemente equilibrada entre una antipatía ruidosa y una belleza física y espiritual. Es fácil encontrar en ella las nociones que la vuelven antipática, pero es más fácil enamorarse de ella, inclusive como lector, por lo que su antipatía se transforma en una molestia dulce y delicada, imposible de resistir.

Y como mucha de la literatura de la época fue llevada al cine, también hay una película (que no he visto) con Ava Gardner como Brett Ashley. Es una buena elección, aunque para mí Brett siempre tuvo el rostro de Hepburn.

Otra cosa. He crecido toda mi vida escuchando a gente hablarme sobre las corridas de toros, y nunca he sentido ganas de ver una. Hemingway lo logró en un par de párrafos (aunque... meh, no creo).



Que el lector adivine quién de estos es Ernesto